Tin Tan y La Pesca
En esta vida es importante aceptar que hay cosas para las cuales no fuimos hechos. Por más experto sea el que nos las trate de enseñar y por más que uno quiera aprender, sencillamente es imposible.
En el caso de mi papá, su mayor pasión solo después de la comedia fue la pesca. Cada una de las más de cien idas y vueltas a Acapulco tenían una relación directa con el ir a pescar. Cada vez que preparaba sus cañas de pescar, su carnada y su hielera, no le pedía a nadie que lo acompañara y emocionado se dirigía a su yate. Me imagino que lo disfrutaba tanto porque era el único momento en el que podía desconectarse de la gente.
Era tanto su interés que él decía que la pesca era su segunda profesión, “second only to comedy”. Nada podía impedirle que de buenas a primeras le dijera a mi mamá: --- ¡Súbete al coche Rosita que nos vamos a Acapulco! --- y nos pedía que no nos tardáramos en agarrar algunas cosas e irnos. En el camino podíamos ver como ya se iba saboreando los pescaditos “al mojo de ajo” que nos cocinaría llegando al yate.
Me acuerdo que fue en una de esas ocasiones cuando le pregunté a mi papá si me podría enseñar a pescar, cosa que le encantó que le pidiera. Al día siguiente en la madrugada, nos levantó a todos. Mi mamá preparó sus cosas, mi hermano Carlitos agarró su llanta y juntos nos fuimos al yate el cual estaba anclado cerca del muelle.
Al llegar, después de desalojar las cosas, mi papá me llamó y me dijo que pescaríamos con “maderitas”; cuadritos con la cuerda enredada a los que se les coloca la carnada en el anzuelo y ya, quedan listos para pescar.
Alegremente me dijo que sacaríamos “el desayuno del día”, así que los dos nos recostamos en la borda y al mismo tiempo aventamos las cuerdas al mar.
Mientras esperábamos, mi papá empezó a recitarme una poesía de Rubén Darío.
--- “Margarita, está linda la mar. El viento lleva esencia sutil de azar. Yo siento en el alma una alondra cantar: Tu acento, Margarita te voy a contar un cuento” ---
Yo le dije que me estaba distrayendo, pero él continuó.
--- Este era un rey que tenía un palacio de diamantes, una tienda hecha del día, y un rebaño de Elefan…---
--- ¡Babíto! --- Le interrumpí, sentí que me jalaba la cuerda --- ¡Ya pesqué! ---
Al ver que yo no podía sujetarla, él tomo mi maderita y enredándola, me enseñó como echar el cuerpo hacia atrás para hacer fuerza contra el pescado.
Tirando hacia atrás, sacó algo espantoso. Era una víbora blanca gigante que brincaba para todos lados incluyendo cerca de nuestros pies. Los dos empezamos a gritar y viendo que no podría desatar a la víbora, mi papá aventó todo al mar.
Al oírnos gritar, mi mamá desde lejos nos preguntó si todo estaba bien, pero no acabábamos de contestarle cuando vimos que la otra maderita que mi papá había dejado sujeta a un metal se movía, así que corriendo la tomé.
--- ¡Ahora tú mamita! ---- me animó, --- ¡Es tu turno de enredar la cuerda! ¡Hazlo lo más rápido que puedas! Esta vez ya pescamos algo bueno ---
Yo le obedecí y efectivamente era un pescado, pero cuando mi papá lo sacó y le quitó el anzuelo de la boca, este se empezó a inflar y yo salí corriendo hacia al otro lado del yate y me tapé la nariz.
No sé por qué hice eso si lo que me asustó fue que el pescado se inflaba. Mi papá me calmó y me dijo que regresara. Era un pez globo, pero no iba a explotar.
A estas alturas yo ya me había dado por vencida, pero mi papá insistió en que echáramos las cuerdas una última vez. Él quería darme el gusto de que yo pescara una mojarrita o algo así. De nuevo sentí que me jalaba la cuerda, esta vez sacamos una especie de araña roja con patas, la cual tiré al suelo de inmediato. Mi papá me dijo que me felicitaba porque yo había sacado un cangrejito, pero yo le dije ya me quería regresar.
Desilusionado, mi papá me abrazó y me explicó que la próxima vez se aseguraría de que el yate estuviera más adentro del mar donde ya no están todas las criaturas que sacamos. Al ver su preocupación le di un beso y volteando a ver el pescado inflado con espinas nos empezamos a reír y a reír hasta más no poder.
En eso mi mamá nos llamó a desayunar pues ya tenía unos pescaditos preparados, eran unos cocineritos a la mantequilla con arroz. Comimos y disfrutamos el resto del día mi hermano y yo nadando y jugando. De regreso a la casa mi papá me invitó a ver el atardecer desde la terraza y ahí terminó de recitarme el final del poema de Rubén Darío, “Margarita, está linda la mar”.



7 Comments
Señora Rosalia tengo 49 años y la primera vez que oí de su papá fue por mi abuelo, yo tenía 6 años.
También supe de usted cuando era niño y me causaba interés conocer a la hija de don Germán.
Seria un sueño poder tener una foto con usted y conocerla.
Le doy las gracias infinitas a usted ya que gracias a su papá e reido muchas veces al ver sus películas.
Hasta luego señora Rosalia
El pescar con un padre siempre será una de las anécdotas más bonitas que pueda recordar un hijo. Son recuerdos que nunca se irán.
Que hermosas anécdotas.. Gracias por compartirlas… Saludos..
Gracias por compartir. Es hermoso recordar cosas valiosas que uno vivió de pequeño con sus seres queridos. Eso te forja carácter y personalidad además de muchos valores. Muchas gracias!!
Todo de principio a fin me fui imaginando Todo, todo…muchas gracias x la anecdota
Todo lo estuve imaginando como si fuera una película más de este gran señor de la comedia, Tin tan..
Gracias por compartir..Saludos
Sra Rosalía: tuve oportunidad de conocerla en el homenaje que hizo la secretaria de cultura del Estado De Morelos en el Centro Cultural Teopanzolco, ahí me presentaron con usted y yo estaba muy emocionado, mi grupo musical interpretó: Palabras Calladas y Cantando En El Baño, le mando un abrazo y mi admiración total hacia mi querido Tin Tan!!!