Metamorfosis Fronteriza
1931
Un día en el que mi abuelo llegaba del trabajo a su casa en la Ciudad de México y encontró un telegrama en el buzón. Era un aviso que le informaba que había quedado vacante una plaza de vista de aduanas en Ciudad Juárez Chihuahua, y si quería cubrirla tendría que presentarse cuanto antes. La recomendación era del señor Pedro Meneses Hoyos, jefe de inspectores aduanales a quien había conocido en Veracruz y a quien había vuelto a ver en un reciente viaje de trabajo.
Cuando Germán y sus hermanos lo vieron entrar, notaron la extraña expresión en el rostro de su padre, —¿Qué pasa, papá?— preguntaron
—¡Nos vamos a vivir a Ciudad Juárez! Me ofrecen ser supervisor de aduana en la frontera, tengo que estar allá en cuestión de días.
De súbito los niños, al ver la emoción de su padre, empezaron a dar vueltas con algarabía, seguidos por Germán, que esbozaba una gran sonrisa.
La vida en el norte le sentó muy bien a la familia que al cumplir dos anos de vivir en Ciudad Juárez constaba de trece integrantes: Rafael, Angelita la abuela, Lupe su esposa, nueve hijos y Josefina, la fiel lavandera. En un ambiente de gente amable dominaba un espíritu alegre, de provincia. Pronto empezó a verse reflejada en los muchachos la manera de hablar del lugar, arrastradita y con ocasionales palabras en inglés, influencia de la vida en la frontera.
Ciudad Juárez era la aduana de mayor movimiento de México, y saberlo fascinaba a mi papá. Recordaba que su padre le había platicado algo de la historia de aquel lugar, como en 1865 don Benito Juárez había establecido allí su residencia oficial y más tarde, en 1909 el presidente Porfirio Díaz había tenido entrevistas relevantes con políticos extranjeros en esa ciudad fronteriza.
Para Germán el hecho de que su padre trabaja como vista de aduanas entre El Paso y Juárez le creaba una actitud optimista, diferente a la de los juarenses, para quienes cruzar la frontera era un desafío. Él se veía así mismo como alguien con permiso para ser del lado que quisiera, pues finalmente su padre decidía que cosas pasaban y qué cosas no.
Se sentía como quien poseía un pasaporte legal, su propio padre, y en el hecho de cruzar la frontera no veía un impedimento; además cuando lo hacía descubría un mundo fantástico, musical y divertido.
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Gracias por la historia.